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En la terapia infanto-juvenil se trabaja tanto con los menores como con sus padres. Éstos como figuras de referencia, facilitan y consolidan los avances logrados.

Niños 0-3 años:

Los primeros tres años de vida son muy importantes para el desarrollo posterior del niño. Esto se debe a la enorme plasticidad neuronal que presentan los niños en esta primera etapa, así como a la creación de los primeros vínculos afectivos.
Durante estos años algunas de las dificultades que podemos encontrarnos son:

  • Dudas sobre la educación y las funciones parentales
  • Dificultades en el sueño o en la alimentación
  • Dificultades para separarse de los padres
  • Rabietas
  • Retraso del desarrollo psicomotor
  • Miedos
  • Problemas de comportamiento, etc.

Niños a partir de 3 años:

A partir del tercer año de vida y hasta la pubertad, el niño expande su mundo a través del colegio y las múltiples vivencias que en él experimenta.
Los problemas más habituales que pueden presentar nuestros hijos en esta etapa son:

  • Dificultades en las relaciones con los compañeros
  • Ansiedad
  • Depresión
  • Problemas de comportamiento
  • Dificultades de concentración
  • Dificultades en el control de esfínteres
  • Separación de los padres
  • Miedos
  • Celos
  • Déficit de atención e hiperactividad
  • Problemas escolares, etc.
Niños
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